GENERO Y ECONOMIA
¿Por qué hablar de Género y Economía?
En las últimas décadas, muchas organizaciones nacionales e internacionales trabajaron en la línea de visibilizar a la mujer para que fuese tomada en cuenta cuando se diseñasen políticas económicas y sociales.
Uno de los aspectos que mayormente se relevó fue la pobreza. De ahí la frase que se convirtió en slogan y recorrió el mundo subdesarrollado:
"La pobreza tiene rostro de Mujer. La Mujer es la más pobre de los pobres"
Sin embargo, no se trabajó mucho en relevar el papel que juega la mujer en la economía de nuestros países.
Una Aproximación del enfoque de género y la macroeconomía
La economía al igual que otras ciencias empíricas, se ocupa de conceptos que pueden medirse realmente, de cosas como los precios de maíz, las cotizaciones de las acciones, los tipos de interés, el número de desempleados, el producto nacional o el nivel de los precios.
Para los gobiernos es esencial saber lo que se ha producido en el país en un tiempo determinado. El indicador que proporciona esta información se llama "Producto Interno Bruto (PIB)".
El PIB se define como el valor de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos por la economía de un país en un período de tiempo dado. El valor de mercado está definido en la conceptualización de actividad económica. Por lo tanto, uno de los elementos que requiere de reflexión previa es el que se refiere a la línea divisoria entre los económico y lo no económico.
Los economistas han encontrado en el valor del mercado la vara que va separar los dos tipos de actividades, ya que es el mercado donde ellos encuentran el meollo de la diferencia entre artículos económicos y no económicos, con respecto a la cuenta del ingreso nacional:
* Los artículos económicos figuran en los mercados organizados o son una parte de las actividades comerciales.
* Las actividades económicas solamente incluyen aquellas que producen artículos y servicios que pueden ofrecerse en el mercado.
* Todos estos artículos suministran una satisfacción, pero tienen un precio y son rápidamente transferibles entre comprador y vendedor.
Para ellos la división está dada en que los primeros obedecen a necesidades que son satisfechas a través del mercado, mientras que las segundas aún cuando producen satisfacción, son el resultado de la actividad general de la vida.
Limitaciones del concepto en relación al trabajo de la mujer
Siendo las actividades mercantiles lo que define la "actividad económica" para la estructuración del sistema de cuentas nacionales, muchas de las actividades que se realizan en el hogar se excluyen de la medición del PIB. El ejemplo más obvio es el producto de la actividad de la "ama de casa".
El valor de su esfuerzo al producir un alimento no se considera una actividad económica aún cuando el valor del alimento producido en un restaurante incluye el PIB. Si las amas de casa cocinaran los alimentos de los demás y recibieran el pago de su esfuerzo, la preparación de los alimentos se consideraría como una actividad económica y el PIB aumentaría.
En el caso de las mujeres en el sector rural cultivan huertos familiares, trabajan la tierra de la unidad de producción, realizan faenas de las cosechas al interior de la vivienda o en el patio. El comercio o artesanía se agregan a las tareas agrícolas en una combinación estacional de actividades domésticas.
Pareciera que las razones para no contabilizar el trabajo de la mujer en el ingreso nacional, obedecen más a razones prácticas (por las dificultades que presenta su medición) que teóricas. Sin embargo, aunque la medición del trabajo que realizan las mujeres en el hogar presenta algunas dificultades; también es cierto, que su exclusión obedece a planteamientos ideológicos (patriarcales) que históricamente han desvalorizado el trabajo realizado por las mujeres.
Como lo afirma Diane Elson ), la macroeconomía tiene una orientación masculina no porque esté deliberadamente diseñada para beneficiar a los hombres; sino porque tiene un punto de vista parcial: sólo toma en cuenta los agregados monetarios de la economía productiva e ignora los agregados en recursos humanos de la economía reproductiva.
De esta manera, si la medición de la contribución de las personas al desarrollo de los países, usualmente se hace a través de su involucramiento como sujetos activos en los procesos económicos, y el mundo económico ha invisibilizado no sólo el trabajo productivo de las mujeres, sino también el reproductivo, es claro deducir entonces que las políticas económicas históricamente han excluido los intereses y necesidades de las mujeres, y éstas solamente han sido tomadas en cuenta particularmente como "beneficiarias del desarrollo".
2009-06-30
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